domingo, 5 de junio de 2016

REMO BODEI / GEOMETRIA DE LAS PASIONES








Bodei, interesado por el psicoanálisis ha analizado los vínculos entre psicoanálisis y sociedad, las relaciones entre filosofía y psicoanálisis o la hermenéutica y la ciencia. En Le logiche del delirio, ofrece la lectura de una carta de Freud, para ver cómo el pasado se adhiere al presente; en Il dottor Freud señala que la grandeza freudiana «fue la de usar el conocimiento y los afectos como dispositivo conjunto para salir de la pasividad», pese a depender de «modelos blindados de tipo positivista». De ahí que haya trabajado asimismo sobre teoría de la memoria: en su ensayo Piramidi di tempo, de 2006, analiza otra sutura y otras ramificaciones mentales, como es la sensación extraña de haber vivido ya una situación anterior.
Recientemente, su ensayo Paesaggi sublimi, de 2008, analiza la experiencia extraña que se siente ante ciertos paisajes, comparando la sensibilidad de hoy con la antigua, más allá de la visión estética que él sintetizó en su monografía Le forme del bello, 1995. En La vita delle cose, de 2009, hace un penetrante ensayo sobre el revés del sujeto, ese mundo de objetos que afluye hacia él; su escrito viaja a través de los clásicos y sus visiones, la memorias de las cosas, o los bodegones holandeses. En Ira, de 2010, analiza uno de los siete pecados capitales, que es una pasión que irrumpe con fuerza y que no siempre es negativa.







Razón y pasiones, extremos de tu reflexión. ¿Cómo vivir entre esos dos límites?
No creo que haya que invertir el viejo sistema según el cual existiría una jerarquía dominada por la razón, donde ésta oprime a las pasiones en cuanto elementos de la turbación del alma, del control de sí mismo o, en sustancia, de la prevalencia posible de la fuerzas irracionales. Dan miedo tanto una razón impotente como una pasión sin fronteras. Y para conseguir su canalización en nuestro interior precisamente hay que valorar, hasta aceptarlo, el vínculo –en parte opuesto, en parte complementario– existente entre pasiones y razón: un vínculo, eso sí, inestable y no exento de riesgos. Pues no conviene verse sólo desde el exterior, como si se estuviese fuera de uno mismo mirándose en un espejo: conviene evitar las posiciones extremas y no matar la propia pasión.
Pero me siento más bien un racionalista, siempre que la razón atienda a ciertas zonas incultivadas de nuestra mente. No creo que exista una enemistad entre pasiones y razón; y defiendo, de hecho, la posibilidad de que la razón sea más hospitalaria, se escape de sí misma, se exceda. La razón ha de acoger lo , eso sí sin perderse, sin naufragar. Así pues, hay que transformar la razón para que acepte ciertas aperturas y se haga cargo de la transformación de la vida de los individuos. No admiro, por tanto, ni el abismo nihilista ni la razón vista como una fortaleza. Sin duda, necesitamos umbrales para pasar de la contemplación a la acción: pero un umbral es un límite y no una muralla; e incluso la idea de límite contiene a la vez las ideas de frontera y de más allá.


lunes, 30 de mayo de 2016

DANIEL MUXICA / Del buen amor


Del  buen amor

                                                      A mi querido Arcipreste.




¿Acaso no entré por tu vagina de tutelares labios
         a esta historia de templos y seculares movimientos
         arriba abajo y los costados... ? Es la fábula
de cierta promesa la que arrastra mi torpe caballo de madera
hasta tus rojas puertas, la troya; mi heroico rocín
jamelgo de ridículo penacho, cosquilleando el viejo sentido
del afuera hacia adentro,
sacudiendo ese antiguo miedo fálico a la sabiduría.
Y me dices que lo hago bien. Hubo
una mística panadería en Betsaida para seguidores hambrientos,
merendaron a rabiar, se saciaron a la intemperie
con harinas eficaces y comibles y otros ingredientes sanos;
y sea fue
tu horno carnoso dispuesta a la vulva del milagro
donde mi Cristo de arrebatados panes, a secas calentadas masculinas
cocinó para todas las épocas. Y me pides
que te apriete más. Todo eso
después del primer diluvio menstrual, del primer despojo crudo;
abierto fragor de una era ya perdida, florecida y secreta
en que tu cráter se permitía las erupciones más inseguras
y más violentas. Y me pides
que te bese superiores inferiores labios buceando corales. Que
sea bueno. De mucho o de poco ha servido
el maloqueo de mi lanza para herir, vencer el cerco estrecho,
el orificio oracular de tu alzado vientre; pese
al estaqueo y las piernas abiertas también el infiel obstinado
ablanda sus armas. Y me pides que siga, que sea tierno.
Has compartido
el lecho con todo el zodíaco, Oriente hemisferio Occidente
en tu pecho y magos y apóstoles o infelices animales de corazonada.
Clavo erecto, seguramente a todos concediste
esa tumba templada donde descansarían durante tres días;
todos en el hueco suspensivo en que la vida y la muerte
son una promesa gemela.
Y me pides a los gritos que apure mis entradas salidas sufra goce
llore ría contigo apure por favor y amor de Dios y acabe y termine
con tanta historia...



Me pides
más o menos dolor como si me fueras a parir.



foto : a.g.


 Daniel Muxica (1950-2009) poeta y narrador argentino, nacido en Valentín Alsina, provincia de Buenos Aires.
 Sus textos poéticos han sido traducidos al inglés, francés, alemán y portugués.
En poesía y narrativa poética: publicó Hermanecer, 1976, Schapire; El poder de la música,1983, Stephane y Bloom Asociados y en 1987 El perro del alquimista, Stephane y Bloom Asociados.
En 1988 editó Contra dicción, De la Pluma; en 1989 Ex Libris o el elogio de la dispersión, Editorial Xul y Siete textos premortales,1991, El Caldero.
En 1993 El libro de las traducciones, El Caldero. En 1998 Nihil Obstat (cd-libro con las voces de Ingrid Pelicori, Horacio Peña y Juan Carlos Puppo).
En 2004 Bailarina Privada, La Bohemia, (cd-libro con Ingrid Pelícori, Horacio Peña, Juan Palomino y Nora Sarmopria) y textos suyos son publicados en Colombia integrando la antología Poesía Perversa, Común Presencia.
En 2005 editó La conversación, La Bohemia; ese mismo año se reedita en México, Nihil Obstat, Tinta nueva.
En teatro: en 1988 estrenó Los ángeles organizados.
En 1995 publicó La erótica argentina, antología poética 1600/1990, co edición Catálogos-El Caldero.
En el 2002 publicó La huella sobre la arena, La Bohemia, una antología con selección y estudio sobre la obre del poeta Antón Arrufat.
En 2003 Esto se cae, La Bohemia, selección y estudio sobre textos del poeta argentino radicado y muerto en París Edmundo E. Eichelbaum. En 2003 una nueva edición corregida y aumentada de La erótica argentina 1600/200, Manantial.
En 2005, sale su primera novela El vientre convexo, Sudamericana. Y en 2009 Las maravillas del doctor Tulp, Mondadori.
Participó, además, de varias publicaciones en revistas y secciones culturales de Argentina y Latinoamérica como Crisis, (Bs. As.); La opinión; (Bs As); Clarín, (Bs. As); La Prensa, (Bs. As.); Diario de Poesía, (Bs. As.); Hablar de Poesía (Bs. As.); Crítica (Universidad de Puebla, México) Fornix (Perú); Aerea (Chile); Babel (Brasil) y varios sitios y revistas web argentinas del extranjero.
En 2001 fundó la revista de textos poéticos Los rollos del mal muerto


martes, 24 de mayo de 2016

ALEKSANDR BLOK / ACEPTO TODO LO QUE HUBO


Acepto todo lo que hubo
Nunca busqué mejor suerte.
Acaso hay algo mejor que haber amado
Algo mejor que haber ardido!
La felicidad y los sufrimientos
Impusieron sus huellas amargas,
Pero yo no desperdicié la antigua luz
En tempestades pasionales, ni en el tedio sin límites.
Y tú, a quien yo de nuevo he desgarrado
Debes perdonarme. Sé que nuestro destino es estar juntos.
Todo lo que no me has dicho con palabras
En tu semblante lo he adivinado.
Los ojos miran atentos
Y el corazón inquieto golpea en el pecho,
Continuando su camino ineluctable
En la fría oscuridad de la noche nevada.




Traducción de  Jorge Bustamante García



viernes, 22 de abril de 2016

ALICIA GALLEGOS /La mujer que se encerró durante 10 años en su baño tratando de leer poemas invisibles en rollos de papel higiénico


La mujer que se encerró durante 10 años
en su baño tratando de leer poemas invisibles
en rollos de papel higiénico

Todo estuvo allí
la puerta
esa ventana clausurada que daba a un patio 
diez pisos más abajo
miles de personas
caminan sin saber
leer revistas deportivas
las de carreras de caballos 
listas y nombres raros para memorizar

Alguién le alcanzó comida
y tijeras para cortarse 
el pelo

Lavar todo de arriba para abajo
los días que se escriben sin R
y lavar todo de abajo para arriba
los demás 

Pero ¿Y los poemas ?
¿Los poemas invisibles escritos en rollos 
de papel higíenico ?

Dijo que los leyó y dijo que los olvidó
dijo que los destruyó y dijo que los devoró y 
tuvo que salir de allí
cuando la última hoja 
del último otoño
del último rollo 
cayó, desapareció o se disolvió









¿Entendiste??????????






viernes, 15 de abril de 2016

Humpty Dumpty


HUMPTY DUMPTY


Sin embargo, lo único que le ocurrió al huevo es que se iba haciendo cada vez mayor y más y más humano: cuando Alicia llegó a unos metros de donde estaba pudo observar que tenía ojos, nariz y boca; y cuando se hubo acercado del todo vio claramente que se trataba nada menos que del mismo Humpty Dumpty. --¡No puede ser nadie más que él! --pensó Alicia. --¡Estoy tan segura como si llevara el nombre escrito por toda la cara! Tan enorme era aquella cara, que con facilidad habría podido llevar su nombre escrito sobre ella un centenar de veces. Humpty Dumpty estaba sentado con las piernas cruzadas, como si fuera un turco, en lo alto de una pared... pero era tan estrecha que Alicia se asombró de que pudiese mantener el equilibrio sobre ella... y como los ojos los tenía fijos, mirando en la dirección contraria a Alicia, y como todo él estaba ahí sin hacerle el menor caso, pensó que, después de todo, no podía ser más que un pelele. --¡Es la mismísima imagen de un huevo; --dijo Alicia en voz alta, de pie delante de él y con los brazos preparados para cogerlo en el aire, tan segura estaba de que se iba a caer de un momento a otro. --¡No te fastidia...! --dijo Humpty Dumpty después de un largo silencio y cuidando de mirar hacia otro lado mientras hablaba; --¡qué lo llamen a uno un huevo...!, ¡es el colmo!
--Sólo dije, señor mío, que usted se parece a un huevo --explicó Alicia muy amablemente-- y ya sabe usted que hay huevos que son muy bonitos --añadió esperando que la inconveniencia que habia dicho pudiera pasar incluso por un cumplido.
--¡Hay gente-- sentenció Humpty Dumpty mirando hacia otro lado, como de costumbre --que no tiene más sentido que una criatura!
Alicia no supo qué contestar a ésto: no se parecía en absoluto a una conversación, pensó, pues no le estaba diciendo nada a ella; de hecho, este último comentario iba evidentemente dirigido a un árbol... así que quedándose donde estaba, recitó suavemente para sí:
     Tronaba Humpty Dumpty
     desde su alto muro;
     mas cayóse un día,
     ¡y sufrió un gran apuro!
     Todos los caballos del Rey,
     todos los hombres del Rey,
     ¡ya nunca más pudieron
     a Humpty Dumpty sobre su alto muro
     tronando ponerle otra ver!
--Esa última estrofa es demasiado larga para la rima --añadió, casi en voz alta, olvidándose de que Humpty Dumpty podía oírla.
--No te quedes ahi charloteando contigo misma --recriminó Humpty Dumpty, mirándola por primera vez-- dime más bien tu nombre y profesión.
--Mi nombre es Alicia, pero...
--¡Vaya nombre más estúpido! --interrumpió Humpty Dumpty con impaciencía. --¿Qué es lo que quiere decir?
--¿Es que acaso un nombre tiene que significar necesariamente algo? --preguntó Alicia, nada convencida.
--¡Pues claro que sí! --replicó Humpty Dumpty soltando una risotada: --El mío significa la forma que tengo... y una forma bien hermosa que se es. Pero con ese nombre que tienes, ¡podrías tener prácticamente cualquier forma!
--¿Por qué está usted sentado aquí fuera tan solo? --dijo Alicia que no quería meterse en discusiones.
--¡Hombre! Pues por que no hay nadie que esté conmigo --exclamó Humpty Dumpty. --¿Te creiste acaso que no iba a saber responder a eso? Pregunta otra cosa.
--¿No cree usted que estaría más seguro aqui abajo, con los pies sobre la tierra? --continuó Alicia, no por inventar otra adivinanza sino simplemente porque estaba de verdad preocupada por la extraña criatura. --¡Ese muro es tan estrecho!
--¡Pero qué adivinanzas tan tremendamente fáciles que me estás proponiendo! --gruñó Humpty Dumpty.
--¡Pues claro que no lo creo! Has de saber que si alguna vez me llegara a caer... lo que no podría en modo alguno suceder... pero caso de que ocurriese... --y al llegar a este punto frunció la boca en un gesto tan solemne y fatuo que Alicia casi no podía contener la risa. --Pues suponiendo que yo llegara a caer --continuó-- el Rey me ha prometido..., ¡ah! ¡Puedes palidecer si te pasma! ¡a que no esperabas que fuera a decir una cosa así, eh? Pues el Rey me ha prometido..., por su propia boca..., que..., que...
--Que enviará a todos sus caballos y a todos sus hombres --interrumpió Alicia, muy poco oportuna.
--¡Vaya! ¡No me faltaba más que esto! --gritó Humpty Dumpty súbitamente muy enfadado. --¡Has estado escuchando tras las puertas..., escondida detrás de los árboles..., por las chimeneas..., o no lo podrias haber sabido!
--¡Desde luego que no! --protestó Alicia, con suavidad. --Es que está escrito en un libro.
--¡Ah, bueno! Es muy posible que estas cosas estén escritas en algún libro --concedió Humpty Dumpty, ya bastante sosegado. --Eso es lo que se llama una Historia de Inglaterra, más bien. Ahora, ¡mírame bien! Contempla a quien ha hablado con un Rey: yo mismo. Bien pudiera ocurrir que nunca vieras a otro como yo; y para que veas que a pesar de eso no se me ha subido a la cabeza, ¡te permito que me estreches la mano!
Y en efecto, se inclinó hacia adelante (y por poco no se cae del muro al hacerlo) y le ofreció a Alicia su mano, mientras la boca se le ensanchaba en una amplia sonrisa que le recorría la cara de oreja a oreja. Alicia le tomó la mano, pero observándolo todo con mucho cuidado: --Si sonriera un poco más pudiera ocurrir que los lados de la boca acabasen uniéndose por detrás --pensó-- y entonces, ¡qué no le sucedería a la cabeza! ¡Mucho me temo que se le desprendería!

--Pues sí señor, todos sus caballos y todos sus hombres --continuó impertérrito Humpty Dumpty --me recogerían en un periquete y me volverían aquí de nuevo, ¡así no más! Pero..., esta conversación está discurriendo con excesiva rapidez: volvamos a lo penúltimo que dijimos.

--Me temo que ya no recuerdo exactamente de qué se trataba --señaló Alicia, muy cortésmente.

--En ese caso, cortemos por lo sano y a empezar de nuevo --zanjó la cuestión Humpty Dumpty-- y ahora me toca a mí escoger el tema... (--Habla como si se tratase de un juego-- pensó Alicia)... así que he aquí una pregunta para ti: ¿qué edad me dijiste que tenías?
Alicia hizo un pequeno cálculo y contestó: --Siete años y seis meses.

--¡Te equivocaste! --exclamó Humpty Dumpty, muy ufano. --¡Nunca me dijiste nada semejante!
--Pensé que lo que usted quería preguntarme era más bien «¿qué edad tiene?» --explicó Alicia.
--Si hubiera querido decir eso, lo habría dicho, ¡ea! --replicó Humpty Dumpty.
Alicia no quiso ponerse a discutir de nuevo, de forma que no respondió nada.
--Siete años y seis meses... --repetía Humpty Dumpty, cavilando. --Una edad bien incómoda. Si quisieras seguir mi consejo te diría «deja de crecer a los siete»..., pero ya es demasiado tarde.
--Nunca se me ha ocurrido pedir consejos sobre la manera de crecer --respondió Alicia, indignada.
--¿Demasiado orgullosa, eh? --se interesó el otro.
Alicia se sintió aún más ofendida por esta insinuación.
--Quiero decir --replicó-- que una no puede evitar el ir haciéndose más vieja.
--Puede que una no pueda --le respondió Humpty Dumpty --pero dos, ya podrán. Con los auxilios necesarios podrías haberte quedado para siempre en los siete años.
--¡Qué hermoso cinturón tiene usted! --observo Alicia súbitamente (pues pensó que ya habían hablado más que suficientemente del tema de la edad; y además, si de verdad iban a turnarse escogiendo temas, ahora le tocaba a ella). --Digo más bien... --se corrigió pensándolo mejor-- qué hermosa corbata, eso es lo que quise decir...no, un cinturón, me parece... ¡Ay, mil perdones: no sé lo que estoy diciendo! --añadió muy apurada al ver que a Humpty Dumpty le estaba dando un ataque irremediable de indignación, y empezó a desear que nunca hubiese escogido ese tema. --¡Si solamente supiera --concluyó para sí misma-- cual es su cuello y cuál su cintura!
Evidentemente, Humpty Dumpty estaba enfadadísimo, aunque no dijo nada durante un minuto o dos. Pero cuando volvió a abrir la boca fue para lanzar un bronco gruiñido.
--¡Es... el colmo... del fastidio --pudo decir al fin-- esto de que la gente no sepa distinguir una corbata de un cinturón!
--Sé que revela una gran ignorancia por mi parte --confesó Alicia con un tono de voz tan humilde que Humpty Dumpty se apiadó.
Es una corbata, niña; y bien bonita que es, como tu bien has dicho. Es un regalo del Rey y de la Reina. ¿Qué te parece eso?
--¿De veras? --dijo Alicia encantada de ver que había escogido después de todo un buen tema.
--Me la dieron --continuó diciendo Humpty Dumpty con mucha prosopopeya, cruzando un pierna sobre la otra y luego ambas manos por encima de una rodilla-- me la dieron... como regalo de incumpleaños.
--¿Perdón? --le preguntó Alicia con un aire muy intrigado.
--No estoy ofendido --le aseguró Humpty Dumpty.
--Quiero decir que, ¿qué es un regalo de incumpleaños?
--Pues un regalo que se hace en un día que no es de cumpleanos, naturalmente.
Alicia se quedó considerando la idea un poco, pero al fin dijo: --Prefiero los regalos de cumpleanos.
--¡No sabes lo que estás diciendo! --gritó Humpty Dumpty--. --A ver: ¿cuántos días tiene el año?
--Trescientos sesenta y cinco --respondió Alicia.
--¿Y cuántos días de cumpleaños tienes tú?
--Uno.
--Bueno, pues si le restas uno a esos trescientos sesenta y cinco días, ¿cuántos te quedan?
--Trescientos sesenta y cuatro, naturalmente.
Humpty Dumpty no parecía estar muy convencido de este cálculo. --Me gustaría ver eso por escrito --dijo.
Alicia no pudo menos de sonreir mientras sacaba su cuaderno de notas y escribia en él la operación aritmética en cuestión:
                 365
                  -1
                -----     
                 364
Humpty Dumpty tomó el cuaderno y lo consideró con atención. --Sí, me parece que está bien... --empezó a decir.
--Pero, ¡si lo está leyendo al revés! --interrumpió Alicia.
--¡Anda! Pues es verdad, ¿quién lo habría dicho? --admitió Humpty Dumpty con jovial ligereza mientras Alicia le daba la vuelta al cuaderno. --Ya decía yo que me parecía que tenía un aspecto algo rarillo. Pero en fin, como estaba diciendo, me parece que está bien hecha la resta... aunque, por supuesto no he tenido tiempo de examinarla debidamente... pero, en todo caso, lo que demuestra es que hay trescientos sesenta y cuatro días para recibir regalos de incumpleaños...
--Desde luego --asintió Alicia.
--¡Y sólo uno para regalos de cumpleaños! Ya ves. ¡Te has cubierto de gloria!
--No sé qué es lo que quiere decir con eso de la «gloria» --observó Alicia.
Humpty Dumpty sonrió despectivamente.
--Pues claro que no..., y no lo sabrás hasta que te lo diga yo. Quiere decir que «ahí te he dado con un argumento que te ha dejado bien aplastada».
--Pero «gloria» no significa «un argumento que deja bien aplastado» --objetó Alicia.
Cuando yo uso una palabra --insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso-- quiere decir lo que yo quiero que diga..., ni más ni menos.
--La cuestión --insistió Alicia-- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
--La cuestión --zanjó Humpty Dumpty-- es saber quién es el que manda..., eso es todo.
Alicia se quedó demasiado desconcertada con todo esto para decir nada; de forma que tras un minuto Humpty Dumpty empezó a hablar de nuevo: --Algunas palabras tienen su genio... particularmente los verbos..., son los más creídos..., con los adjetivos se puede hacer lo que se quiera, pero no con los verbos..., sin embargo, ¡yo me las arreglo para tenerselas tiesas a todos ellos! ¡Impenetrabilidad! Eso es lo que yo siempre digo.
--¿Querría decirme, por favor --rogó Alicia-- qué es lo que quiere decir eso?
--Ahora sí que estás hablando como una niña sensata --aprobó Humpty Dumpty, muy orondo. --Por «impenetrabilidad» quiero decir que ya basta de hablar de este tema y que más te valdría que me dijeras de una vez qué es lo que vas a hacer ahora pues supongo que no vas a estar ahí parada para el resto de tu vida.
--¡Pues no es poco significado para una sola palabra! --comentó pensativamente Alicia.
Cuando hago que una palabra trabaje tanto como esa explicó Humpty Dumpty-- siempre le doy una paga extraordinaria.
--¡Oh! Dijo Alicia. Estaba demasiado desconcertada con todo esto como para hacer otro comentario.
--¡Ah, deberías de verlas cuando vienen a mi alrededor los sábados por la noche! --continuó Humpty Dumpty.
--A por su paga, ya sabes...
(Alicia no se atrevió a preguntarle con qué las pagaba, de forma que menos podría decíroslo yo a vosotros.)
--Parece usted muy ducho en esto de explicar lo que quieren decir las palabras, señor mío --dijo Alicia-- así que, ¿querría ser tan amable de explícarme el significado del poema titulado «Galimatazo»?
--A ver, oigámoslo --aceptó Humpty Dumpty-- soy capaz de explicar el significado de cuantos poemas se hayan inventado y también el de otros muchos que aún no se han inventado.
Esta declaración parecía ciertamente prometedora, de forma que Alicia recitó la primera estrofa:
     Brillaba, brumeando negro, el sol,
     agiliscosos giroscaban los limazones
     banerrando por las váparas lejanas,
     mimosos se fruncían los borogobios
     mientras el momio rantas murgiflaba.
--Con eso basta para empezar-- interrumpió Humpty Dumpty-- que ya tenemos ahí un buen montón de palabras difíciles: eso de que «brumeaba negro el sol» quiere decir que eran ya las cuatro de la tarde..., porque es cuando se encienden las brasas para asar la cena.
--Eso me parece muy bien --aprobó Alicia-- pero, ¿y lo de los «agilisco- sos»?
--Bueno, verás: «agiliscosos» quiere decir «ágil y viscoso», ¿comprendes? es como si se tratara de un sobretodo..., son dos significados que envuelven a la misma palabra.
--Ahora lo comprendo --asintió Alicia, pensativamente. --Y, ¿qué son los «limazones»?
-Bueno, los «limazones» son un poco como los tejones..., pero también se parecen un poco a los lagartos..., y también tienen un poco el aspecto de un sacacorchos...
--Han de ser unas criaturas de apariencia muy curiosa.
--Eso sí, desde luego --concedió Humpty Dumpty-- también hay que señalar que suelen hacer sus madrigueras bajo los relojes de sol..., y también que se alimentan de queso.
Y, ¿qué es «giroscar» y «banerrar»?
--Pues «giroscar» es dar vueltas y más vueltas, como un giroscopio; y «banerrar» es andar haciendo agujeros como un barreno.
--Y la «vápara», ¿será el césped que siempre hay alrededor de los relojes de sol, supongo? --dijo Alicia, sorprendida de su propio ingenio.
--¡Pues claro que sí! Como sabes, se llama «vápara» porque el césped ese va para adelante en una dirección y va para atrás en la otra.
--Y va para cada lado un buen trecho también --añadió Alicia.
--Exactamente, así es. Bueno, los «borogobios» son una especie de pájaros desaliñados con las plumas erizadas por todas partes..., una especie de estropajo viviente. Y en cuanto a que se «fruncian mimosos», también puede decirse que estaban «fruncimosos», ya ves, otra palabra con sobretodo.
--¿Y el «momio» ese que «murgiflaba rantas»? --preguntó Alicia. --Me parece que le estoy ocasionando muchas molestias con tanta pregunta.
--Bueno, las «rantas» son una especie de cerdo verde; pero respecto a los «momios» no estoy seguro de lo que son: me parece que la palabra viene de «monseñor con insomnio», en fin, un verdadero momio.
--Y entonces, ¿qué quiere decir eso de que «murgiflaban»?
--Bueno, «murgiflar» es algo así como un aullar y un silbar a la vez, con una especie de estornudo en medio; quizás llegues a oír como lo hacen alguna vez en aquella floresta..., y cuando te haya tocado oírlo por fin, te bastará ciertamente con esa vez. ¿Quién te ha estado recitando esas cosas tan dificiles?
--Lo he leído en un libro --explicó Alicia. --Pero también me han recitado otros poemas mucho más fáciles que ese; creo que fue Tweedledee..., si no me equivoco.
--¡Ah! En cuanto a poemas --dijo Humpty Dumpty, extendiendo elocuentemente una de sus grandes manos-- yo puedo recitar tan bien como cualquiera, si es que se trata de eso...
--¡Oh, no es necesario que se trate de eso! --se apresuró a atajarle Alicia, con la vana esperanza de impedir que empezara.
--El poema que voy a recitar --continuó sin hacerle el menor caso-- fue escrito especialmente para entretenerte.
A Alicia le parecío que en tal caso no tenía más remedio que escuchar; de forma que se sentó y le dio unas «gracias» más bien resignadas.
     En invierno,
     cuando los campos están blancos,
     canto esta canción en tu loor.
--Sólo que no la canto --añadió a modo de explicación.
--Ya veo que no --dijo Alicia.
--Si tu puedes ver si la estoy cantando o no, tienes más vista que la mayor parte de la gente --observó severamente Humpty Dumpty. Alicia se quedó callada.
     En primavera,
     cuando verdean los bosques,
     me esforzaré por decirte lo que pienso
Muchísimas gracias --dijo Alicia.
     En verano,
     cuando los días son largos
     a lo mejor llegues a comprenderla.

     En otoño,
     cuando las frondas lucen castañas,
     tomarás pluma y papel para anotarla.
--Lo haré si aún me acuerdo de la letra después de tanto tiempo --prometió Alicia.
--No es necesario que hagas esos comentarios a cada cosa que digo --recriminó Humpty Dumpty-- no tienen ningún sentido y me hacen perder el hilo...
     Mandéles a los peces un recado:
     «¡Qué lo hicieran ya de una vez!»

     Los pequeños pescaditos de la mar
     mandáronme una respuesta a la par.

     Los pequeños pescaditos me decían:
     «No podemos hacerlo, señor nuestro, porque...»
--Me temo que no estoy comprendiendo nada --interrumpió Alicia.
--Se hace más fácil más adelante --aseguró Humpty Dumpty.
     Otra vez les mandé decir:
     «¡Será mejor que obedezcáis!»

     Los pescaditos se sonrieron solapados.
     «Vaya genio tienes hoy», me contestaron.

     Se lo dije una vez y se lo dije otra vez.
     Pero nada, no atendían a ninguna de mis razones.

     Tomé una caldera grande y nueva,
     que era justo lo que necesitaba.

     La llené de agua junto al pozo
     y mi corazón latía de gozo.

     Entonces, acercándoseme me dijo alguien:
     «Ya están los pescaditos en la cama».

     Le respondí con voz bien clara:
     «¡Pues a despertarlos dicho sea!»
     Se lo dije bien fuerte y alto;
     fui y se lo grité al oído...
Humpty Dumpty elevó la voz hasta aullar casi y Alicia pensó con un ligero estremecimiento: --¡No habría querido ser ese mensajero por nada del mundo!
     Pero, ¡qué tipo más vano y engolado!
     Me dijo: «¡No hace falta hablar tan alto!»

     ¡Si que era necio el badulaque!
     «Iré a despertarlos» dijo «siempre que...»
     Con un sacacorchos que tomé del estante
     fui a despertarlos yo mismo al instante.

     Cuando me encontré con la puerta atrancada,
     tiré y empujé, a patadas y a puñadas.

     Pero al ver que la puerta estaba cerrada
     intenté luego probar la aldaba...
A esto siguió una larga pausa.
--¿Eso es todo? --preguntó tímidamente Alicia.
--Eso es todo --dijo Humpty Dumpty. --¡Adiós!
Esto le pareció a Alicia un tanto brusco; pero después de una indirecta tan directa, concluyó que no sería de buena educación quedarse ahí por más tiempo. De forma que se puso en pie y le dio la mano: --¡Adiós y hasta que nos volvamos a ver! --le dijo de la manera más jovial que pudo.
--No creo que te reconozca ya más, ni aunque nos volvieramos a ver --replicó Humpty Dumpty con tono malhumorado, concediéndole un dedo para que se lo estrechara de despedida. --Eres tan exactamente igual a todos los demás...
--Por lo general, se distingue una por la cara --señaló Alicia pensativa.
--De eso es precisamente de lo que me quejo --rezongó Humpty Dumpty. --Tu cara es idéntica a la de los demás..., ahí, un par de ojos... (señalando su lugar en el aire con el pulgar), la nariz, en el medio, la boca debajo. Siempre igual. En cambio, si tuvieras los dos ojos del mísmo lado de la cara, por ejemplo..., o la boca en la frente..., eso sí que sería diferente.
--Eso no quedaría bien --objetó Alicia. Pero Humpty Dumpty sólo cerró los ojos y respondió: --Pruébalo antes de juzgar.
Alicia esperó un minuto para ver si iba a hablar de nuevo; pero como no volviera a abrir los ojos ni le prestara la menor atención, le dijo un nuevo «adiós» y no recibiendo ninguna contestación se marchó de ahí sin decir más; pero no pudo evitar el mascullar mientras se alejaba: --¡De todos los insoportables...! --y repitió esto en voz alta, pues le consolaba mucho poder pronunciar una palabra tan larga --¡de todos los insoportables que he conocido, éste es desde luego el peor! Y... --pero nunca pudo terminar la frase, porque en aquel momento algo que cayó pesadamente al suelo sacudió con su estrépito a todo el bosque.





lunes, 22 de febrero de 2016

JUAN JESÚS HERNÁNDEZ LÓPEZ / 1 Poema de juanje frayfregona




conozco poetas a los que les descerrajaron un tiro
o bien en la sien
o en el centro del tórax
así como a la altura del cruce de huesos del esternón
son gente que
cada vez que empañan el espejo del baño con alguna hilera de palabras
pareciera que escupieran compresas solo destinadas a parar la hemorragia

conozco poetas que hablan con el árbol
con la ardilla
con el sol
de esta rara gente me alucina su fino oído
el que les permite traducir el silbo del viento
contestar a la ola
dialogar con el temblor de un ciervo
yo lo máximo que he conseguido es que me ladre un perro

conozco poetas que hablan entre ellos
a distancia
usan el poema como correo
incluso a través de las siete dimensiones del tiempo
se comunican hasta con los muertos
conozco poetas que en vez de versos producen esperma
siempre con los pantalones a la altura de los tobillos
dispuestos a esparcir la poesía en el primer agujero abierto

conozco poetas in/versos
arítmicos
asintomáticos
de los que a veces dudo
no sé si estoy ante un poema o un prospecto

conozco poetas escato/lógicos
a éstos les digo:
"Pero... ¡No jodas, colega! Un zurullo no es un poema, por mucho que pueda ser así a la inversa"

conozco poetas austeros
del silencio
que ahorran en las palabras como si pudieran llevárselas en compañía del barquero
tableros de ajedrez solo aptos para introspectivos sabios y adivinos

conozco poetas herméticos como submarinos
tanto da que escriban en castellano que en kazajo
no suelo entenderles un carajo

conozco poetas especialistas en mercadotecnia
estadística
tirada
anticipo
regalías
escriben utilizando códigos alfanuméricos
generalmente en dólares

conozco poetas altavoz
que vienen a ser los cantantes de toda la vida del señor
pero con un oído pésimo
no soportan la soledad de ser leído
si les das un micrófono
les revienta en la cara la sonrisa de un niño chico
pero sobre todo
lo que me he tropezado con más frecuencia
son poetas que no se consideran poetas
y muchos de ellos llevan razón
para muestra un botón.


juanje frayfregona


Juan Jesús Hernández López nació en Reading (leyendo, Reino Unido) en el año del Señor de 1970. A los seis años se mudó al paraíso (Gran Canaria). Hijo de canario y gallega (cosas de la emigración y los flujos poblacionales), se arrastra hasta la tumba intentando no pisar ningún callo (incluido los suyos). No se sabe muy bien la causa por la que empezó a escribir en octubre de 2014. Abusa de los paréntesis. Lo pueden encontrar en su perfil de Facebook, en algún blog clausurado… y en ningún sitio más.



domingo, 14 de febrero de 2016

JORGE LARGUÍA / Nos debemos otra “Vida de peleas”.


Preguntan si continúo investigando la palabra “Vida”.
¡Qué buen disco de Sui Generis!
La lingüística no es mi fuerte.
Encontrarme a mis años
discutiendo con mis hermanas
se transforma en algo “demasiado muy hermoso”.

Nos debemos otra "Vida de peleas "